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¿Cómplice, encubridor o testigo? La disputa por definir el papel de Trump en el caso Epstein

  • 16 ene
  • 2 Min. de lectura

Trump ya perdió el control de la narrativa sobre el caso Epstein, el escándalo de tráfico sexual y tráfico de influencias más grave de los últimos años.

Hasta hace unas semanas, la audiencia creía en su papel como el outsider que haría públicos todos los archivos del caso para limpiar el sistema de las élites corruptas.

Esta versión quedó reforzada en noviembre de 2025, cuando Trump cambia su postura inicial y avala una la Ley que libera miles de gigabytes de información sobre el caso.

Luego la situación comienza a deteriorarse para Trump, cuando los archivos liberados muestran fotos nunca vistas de él con Epstein.

Ahora, la tensión está en su punto más alto porque el Congreso acusa a Trump de incumplir la ley al haber tachado nombres clave y páginas completas por "seguridad nacional".

Esto ya está teniendo costos para Trump pues 49% de los estadounidenses creen que ha encubierto información clave sobre el caso.

Además, el caso Epstein está causando fracturas en la coalición de Trump: legisladores, influencers y activistas que antes lo apoyaban incondicionalmente, hoy lo acusan de ocultar información para protegerse y proteger a otros miembros de la élite política.

Y esto es grave para Trump, porque el cambio de postura de estos personajes destacados tiene un fuerte potencial para estimular un cambio de actitud en sus demás seguidores.

Hasta ahora, los ataques y acusaciones contra Trump tenían un impacto menor porque eran percibidos como expresión de que el presidente estaba dañando a la élite política tradicional.

Ataques con ira hacia Trump activaban a sus seguidores para defenderlo: eran “ellos”, los de la élite política corrupta, contra “nosotros”, los que apoyamos el cambio que Trump representa.

De acuerdo con la Teoría de la Inteligencia Afectiva, la confianza en el líder hace que los seguidores suspendan el análisis racional de sus acciones y elijan creer en su inocencia.

Pero ahora, ese nosotros se ha fragmentado.

Personajes clave que mostraron lealtad a Trump en momentos complicados, ahora lo acusan de traicionar la causa por la que lucharon juntos.

No son integrantes de la élite tradicional que odia a Trump, son compañeros de lucha.

Esto hace que los seguidores de Trump experimenten dudas y reactiven el análisis crítico de sus acciones que habían elegido suspender.

El lenguaje de los antiguos compañeros de lucha no es de irascibilidad contra Trump, lo cual activaría la ira de sus seguidores contra los atacantes.

Ahora es un lenguaje de decepción, lo cual evita que un seguidor se ponga a la defensiva y refuerza la duda y el escrutinio sobre el líder.

Al activar una revisión sobre el líder, es más probable encontrar fallas, defectos y omisiones que antes se pasaban por alto.

Y esto puede representar el golpe más duro que haya recibido hasta ahora el movimiento MAGA (Make América Great Again) de Trump.

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