Relación México-Estados Unidos: entre la CIA y las extradiciones ¿Quién y cómo se administra esta agenda?
- hace 5 días
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Llámele comunicación, diplomacia, política exterior o mecanismos de colaboración o cooperación, lo cierto es que aun con todas estas herramientas se ha formado un domo o cerco que impide ver hoy día una relación sana, fructífera, respetuosa y de resultados conjuntos entre los gobiernos de México y Estados Unidos.
¿Puentes de entendimiento dinamitados?
La dimisión, primero, del ex Canciller Juan Ramón de la Fuente, y posteriormente la salida del embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, en un escenario en el que debiera haber máxima prudencia en la operación, permite prever los pobres puentes de entendimiento entre ambos países y cómo las prioridades personales se imponen a las del país.
Porque cuando la vía de la comunicación diplomática es sustituida o mandada a segundo término por comunicados o conferencias de representantes de oficinas judiciales significa que hay mucho ruido en la relación o disrupción que urge sea reparada. No olvidar, son vínculos entre pueblos, no sólo entre gobiernos.
¿Cómo se explica que lo del pedido de detención para extradición de funcionarios de Sinaloa se vincula con el supuesto mal proceder que tuvo México con respecto a la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua, y que se reveló luego de un lamentable accidente en el que falleció personal de esa agencia?
¿Por qué un gobierno estatal y la Embajada de EUA en México pudieron organizar o entablar acuerdos que pueden estar al margen de la legislación mexicana? ¿Quién es el o la interlocutora con el Embajador Johnson, el gobierno y el vasto aparato administrativo norteamericano? ¿Quién no está haciendo bien la tarea?
No se trata de asumir la agenda de ellos, es necesario saber poner por delante la propia y administrar la relación bajo esquemas de ganar-ganar.
Es comunicar, hacer diplomacia, política de futuro.
¿Una agenda binacional alternativa?
Voltear a ver la ruta de diálogo para el T-MEC, el comercio bilateral que es uno de los más importantes del planeta, la seguridad fronteriza, la cooperación en temas migratorios, la modernización aduanera y el combate al huachicol fiscal, en fin, temas que también pueden enmarcarse en el concepto de prosperidad compartida, puede ser el camino de retorno y dejar atrás lo que luce fragmentado, descolocado, en constante preocupación.
Comunicación, colaboración, cooperación y entendimiento, sin ningún tipo de menoscabo a la soberanía de ningún país, suenan a palabras sensatas entre la estridencia de una agenda que se percibe más explosiva que de excepcionalidades.
Antes de que venga cualquier reclamo, decimos: es ingenuo no pensarlo así, sabiendo claramente que los intereses de ambos países están yendo, en los hechos, por senderos distintos, cuando la historia reclama otra cosa.



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