top of page

Tomar distancia del poder para conquistar Hungría: Peter Magyar

  • 2 may
  • 3 Min. de lectura

El 13 de abril de 2026 Peter Magyar se sumó a la lista de personajes cuyo triunfo electoral arrasó con el equipo opositor. 


Margaret Thatcher en Reino Unido (1979), Nelson Mandela en Sudáfrica (1994), Emmanuel Macron en Francia (2017) y Andrés Manuel López Obrador en México (2018) son nombres de políticos con una aparente aceptación por parte de sus respectivas sociedades.


Sin duda, lo que ha llevado al poder a estos personajes ha sido una constelación de elementos comunicativos que conjugan sus discursos, los problemas sociales, los entornos de tensión y la proyección de su imagen.


¿Qué implicaciones comunicativas resguarda el triunfo de Peter Magyar, actual primer ministro electo de Hungría?


Magyar representa una figura relativamente reciente (¿fresca?) en el ámbito político húngaro cuya presencia se visibilizó a partir de su ruptura pública con Viktor Orbán, primer ministro de Hungría desde 1998 hasta 2026.



A pesar de que todavía se desconoce la postura de Magyar con respecto a este punto, hay dos posibles caminos: mantenerse igual o ajustarse, proponiendo un cambio drástico hacia el país. 


¿Éste habrá sido un elemento relevante para la decisión electoral de los húngaros?


De modo que un elemento clave para el triunfo de Magyar comprometió que un segmento importante de la sociedad valoró el distanciamiento ideológico del político con respecto a la forma tradicional de establecer relaciones internacionales e, incluso, de hacer política. 


En México, no resultó imprevisible el triunfo de López Obrador hasta su tercer intento sexenal; en Hungría, tampoco lo fue el de Magyar.


En este sentido, podríamos retomar su desplazamiento constante hacia las multitudes y sus expresiones faciales neutras y sutiles, sin llegar a lo exagerado o impostado. 


En el contexto de Hungría, esto nos invita a leerlo como un gestor político más que como un líder clásico y tradicional como Orbán.


Pero no sólo se debe este elemento, pues otro rasgo que podemos destacar es que el primer ministro electo aprovechó el desgaste del gobierno de Viktor Orbán para construir una ruptura creíble y consistente no desde afuera del sistema, sino desde adentro. 


A partir de ese momento, Magyar tuvo que construir una imagen como líder opositor con un discurso centrado en la restauración del Estado de Derecho, la rendición de cuentas y el acercamiento de la Unión Europea. 


Por ejemplo, Viktor Orbán mantuvo una relación política cercana con Vladimir Putin e ideológica con Donald Trump. ¿El resultado? Aparentemente, una sociedad preocupada por el rumbo político de Hungría.


En este sentido, podríamos hablar de una cercanía o proximidad calculada por parte de Magyar, pues un rasgo distintivo de él comprometía su imagen que mezcla lo casual y lo formal. 


La vestimenta de Magyar proyecta una estrategia clara de comunicación en el ámbito político, pues portaba trajes formales de corte moderno, colores sobrios como azul o gris, y camisas blancas que transmiten profesionalismo y control. 


Suele omitir objetos llamativos, lo que refuerza la imagen de seriedad y confiabilidad, evitando ostentación, lo que puede interpretarse como cercanía con la ciudadanía.


No es gratuita su cercanía con Putin y Trump. Magyar, por el contrario, un modelo fresco, con movimiento en múltiples sentidos, con vestimenta casual, con gestos moderados y con elementos simbólicos como la bandera.


No podemos establecer una receta con todos los ingredientes del triunfo de Magyar, pero sí podríamos decir que incluyó: 


1) el cansancio social de una sociedad cuyo futuro era muy incierto; 


2) la “aparición” de una imagen nueva, fresca, novedosa y crítica y 


3) la construcción de un discurso creíble que transmitía un mensaje claro, el cual implicaba –en sus propias palabras– la necesidad de “construir un país que funcione y sea humano para todos los húngaros”.


Comentarios


bottom of page