Ronald D. Johnson y las presiones no verbales de la embajada de EE. UU. en México
- hace 7 días
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El pasado 24 de abril, durante un evento de inversión energética en Sinaloa, Ronald D. Johnson destacó por sus declaraciones sobre corrupción y seguridad, afirmando que son factores que afectan la inversión extranjera.
¿El resultado? Un escenario de tensión en el que la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, señaló que el embajador de Estados Unidos en México presentó posturas “injerencistas”.
Sin duda, los comentarios del embajador Johnson adquieren mayor relevancia a partir de la anunciada presencia de la CIA en Chihuahua, lo que pone sobre la mesa la relación diplomática entre México y Estados Unidos sobre las operaciones de inteligencia en territorio mexicano.
Tanto en sus declaraciones como de manera general, Johnson suele demostrar control, deliberación y firmeza.
Se observa una posición abierta y erguida, aunque con el torso ligeramente hacia adelante, lo cual nos invita a leerlo como enfático y dominante del tema.
No se trata de una intervención sin propósito, sino una con alta carga estratégica; sin embargo, no hay que olvidar el pasado del también exoficial de la CIA y ex militar de fuerzas especiales estadounidenses.
No en vano varios medios interpretaron las declaraciones como una muestra de una política estadounidense más agresiva en diversos temas, entre ellos, temas de seguridad y combate del narcotráfico.
Bajo esta misma línea –su posición como oficial del Ejército de los Estados Unidos y como miembro de Enlace de Ciencia y Tecnología de la Agencia Central de Inteligencia– hay que leer su imagen pública.
Durante su mensaje, podríamos indicar que sus movimientos de manos refuerzan las condiciones y el mensaje de Estados Unidos frente a México: disposición tácita a ejecutar acciones importantes e imprevistas.
El rostro del embajador también se muestra firme, con poca variación emocional y gran seriedad y firmeza.
En este sentido, su rostro invita a leer el mensaje como una advertencia más que como una opinión o valoración.
Su contacto visual se mantiene constante y sin desvíos, firme y prolongado, intencionado y transparente, seguro y sostenido.
Se trata de un mensaje de alto peso político; su mirada transmite seguridad, carácter y una autoridad contenida, propia de quien entiende la dimensión del poder y sabe ejercerlo.
Desde una perspectiva sumativa sobre su imagen, su rostro, sus gestos, su postura y su vestimenta se presentan como elementos de formalidad y firmeza del mensaje.
Otro rasgo destacable se vincula con los elementos paralingüísticos (tono, ritmo, velocidad, etc.) y el mensaje.
En general, se mantiene un tono serio que coincide con el contenido crítico del mensaje, no hay grandes cambios de velocidad, pues es constante y pausado, y no hay elevaciones importantes en la voz.
Finalmente, podemos destacar la ausencia de elementos emocionales intensos, lo que nos sugiere una estrategia de presentar el mensaje como un hecho objetivo, casi técnico, en lugar de un conflicto político.
Quizá, como el propio Embajador expresó “puede que veamos pronto acciones significativas en ese sentido, así que manténganse atentos”.
En suma, la comunicación no verbal de Ronald D. Johnson denota una diplomacia de presión hacia México.
A pesar de que no recurre a la confrontación directa, por medio de su imagen y del mensaje, podemos significar sus posicionamientos como un acto de confrontación explícita y una narrativa que confirma que México está en el ojo de nuevas decisiones de Estados Unidos.



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