¿Un nuevo rumbo comercial? México, China y el tablero arancelario global
- 15 ene
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La política comercial de México enfrenta un momento crítico.
Tras años de integración con Estados Unidos y Canadá, el déficit con China alcanzó 101 382 millones de dólares en 2025, el más alto en la historia del país, mientras las exportaciones mexicanas al gigante asiático siguen siendo limitadas, acentuando un desequilibrio estructural que ya no puede ignorarse.
El 1 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión: México aplicó aranceles de hasta 50 % sobre más de 1,400 líneas de productos de países sin tratados comerciales, principalmente China; la medida busca proteger industrias estratégicas y empleos, pero también responde a la presión de Estados Unidos para contener importaciones chinas que podrían pasar por México sin restricciones.
¿Cómo medir el impacto de estos cambios?
Para no quedarnos en suposiciones, recurrimos a un modelo econométrico autorregresivo con variables externas (VARX). La idea es sencilla: el saldo comercial de un año depende del año anterior, del nivel de aranceles y de la demanda externa de Estados Unidos; a partir de esto, simulamos miles de trayectorias posibles, no para predecir el futuro con certeza, sino para entender el rango de escenarios plausibles y cómo las decisiones de política pueden modificar los resultados.
Simulamos dos escenarios a partir de 2026:
Baja barrera arancelaria (BBA): México mantiene tarifas moderadas, similares a las previas a la reforma.
Alta barrera arancelaria (HBA): México implementa el nuevo paquete arancelario de hasta 50 %.
¿Qué nos muestra la simulación?
Los resultados de la simulación contrastan con claridad: Bajo BBA, la mediana simulada del saldo comercial con China crece de un índice de 0.28 en 2026 a 1.25 en 2035, reflejando que el déficit persistirá o incluso se agravará. Los escenarios negativos también se mantienen elevados, lo que evidencia la vulnerabilidad ante cambios externos.
En HBA, la mediana asciende más lentamente, de 0.13 a 0.58, y los percentiles bajos muestran un riesgo mucho menor. Los aranceles no eliminan automáticamente el déficit, pero, cambian su trayectoria, reducen la exposición a escenarios extremos y dan espacio para políticas complementarias de promoción de exportaciones y fortalecimiento de cadenas productivas.

¿Por qué importa para México?
Porque el tablero comercial es más que cifras: cada decisión afecta empleos, industrias estratégicas y la capacidad de México para competir globalmente. La simulación permite imaginar cómo distintas reglas del juego pueden transformar resultados, mostrando que la política arancelaria puede ser una herramienta efectiva, pero debe combinarse con otras medidas estratégicas como promoción de exportaciones e inversión en cadenas de valor.
En un mundo de incertidumbre, este análisis aporta claridad: los aranceles no son un remedio milagroso, pero sí un instrumento para moderar desequilibrios y orientar la economía hacia trayectorias más sostenibles y previsibles.



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