México en seguridad. ¿Qué significa la reducción récord de homicidios para el país?
- 29 ene
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Por más de una década, el relato sobre seguridad en México ha sido el de un país en deterioro constante. Hoy, los números oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) e Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) cuentan otra historia. En 2025, la tasa de homicidios dolosos cayó a niveles no vistos desde 2016, situándose en aproximadamente 17.5 por cada 100,000 habitantes. Las víctimas diarias bajaron de casi 90 a cerca de 64.
Esta reducción no significa el fin de la violencia, pero sí marca un cambio cualitativo en la ecuación de riesgo del país. En México, donde el homicidio ha sido el termómetro de la seguridad, una baja sostenida desde finales de 2023 que no parece un ajuste temporal, sino un potencial que ofrece nuevos escenarios políticos y de gobernabilidad.
Lo que los promedios nacionales esconden
Las cifras agregadas ocultan una realidad desigual. Más de la mitad de los homicidios se concentran en sólo cuatro estados (Guanajuato, Baja California, Chihuahua y Michoacán).
Además, la caída en homicidios no equivale a una reducción generalizada del crimen: en múltiples regiones, la extorsión y el cobro de piso van en aumento. Esto sugiere una reconfiguración, no una desaparición, de las actividades criminales.
Esta disparidad regional se refleja en eventos de alto impacto que, aunque no alteran la tendencia nacional a la baja, sí documentan una violencia persistente y focalizada. Reportes de medios y organizaciones civiles como Causa en Común documentan la continuidad de incidentes de violencia masiva.
Estos sucesos, que a menudo generan una cobertura mediática significativa, no son ajenos a la estadística de homicidios; son, de hecho, sus manifestaciones más agudas en geografías específicas.
Eventos recientes, como el ataque armado ocurrido el 25 de enero de 2026, en Salamanca, Guanajuato, que resultó en la muerte de 11 personas en un espacio público, siguen ocurriendo.
Según reportes de prensa, ilustran que la violencia masiva permanece activa en ciertos contextos subnacionales.
Estos sucesos de alto perfil mediático coexisten con la tendencia nacional a la baja, sirviendo como recordatorios de que el riesgo letal sigue siendo severo en puntos focales.
Quizás el dato más relevante para la gobernabilidad es la desconexión entre la estadística objetiva y la percepción ciudadana.
A pesar de la reducción en homicidios, dos tercios de los mexicanos siguen sintiéndose inseguros, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. Esta brecha no es una paradoja; responde a la impunidad persistente y a una victimización cotidiana que el indicador de homicidios no captura.
¿Cambio estructural o espejismo estadístico?
La pregunta central es si esta mejora es sostenible y qué decisiones pueden consolidarla o revertirla. Por ello se desarrolló un modelo de escenarios estocásticos basado en tres factores clave: la intensidad de la tendencia descendente actual, la presión de la criminalidad "invisible" (extorsión) y la capacidad institucional del Estado.
La metodología (simulaciones Monte Carlo con 1,000 iteraciones) no adivina el futuro sino mapea rangos plausibles de evolución:
● Escenario de Consolidación: Con alta capacidad institucional, la reducción se profundiza gradualmente. En dos años, la tasa nacional podría pasar de 17.5 a cerca de 13 homicidios. El avance es lento, pero sostenido.
● Escenario de Fragilidad: Con baja capacidad institucional y presión criminal creciente, la reducción inicial puede estancarse o revertirse. La violencia letal puede bajar mientras se acumulan tensiones en otras dimensiones que, al desbordarse, generan retrocesos abruptos.
México en el momento bisagra
Para los tomadores de decisiones, el mensaje del modelo es claro: la reducción abre una ventana de oportunidad, pero no garantiza su permanencia. El mayor riesgo es interpretar la mejora como un punto de llegada, cuando es apenas un equilibrio que requiere mantenimiento constante.
México no está ante una victoria, pero tampoco frente a un estancamiento inevitable. Está en un momento bisagra. Consolidar la tendencia requiere:
● Continuidad institucional.
● Atención integral a todas las formas de criminalidad.
● Gestión estratégica para cerrar la brecha entre datos y percepción.
La ventana de oportunidad existe, pero su duración depende de decisiones que aborden la complejidad multidimensional de la seguridad pública.



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