Los retos y paradojas del feminismo joven en México
- 14 mar
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En la última década el feminismo mantiene una presencia cada vez más visible entre la juventud mexicana que se incrementa y se intensifica ante olas crecientes de violencia e impunidad: marchas multitudinarias, denuncias colectivas de violencia de género y un creciente activismo digital han convertido al movimiento en uno de los actores sociales más influyentes del debate público contemporáneo.
Entre muchos elementos, hay tres factores estructurales que ayudan a comprender los retos del feminismo actual en México:
Un aumento sostenido de la violencia contra las mujeres: particularmente en su expresión más extrema como lo es el feminicidio.
La persistente impunidad en los delitos de género: permanece la brecha entre la experiencia social de la violencia y la capacidad estatal para responder a ella.
El contraste histórico de la reconfiguración de los espacios públicos encabezados por mujeres cuyo ejemplo principal es que es una mujer la que encabeza los destinos del país. Juventudes protagonistas
Las juventudes han sido protagonistas de esta etapa, en especial, mujeres universitarias han impulsado movilizaciones, campañas digitales y nuevas formas de activismo donde se renueva hasta el lenguaje del feminismo y en el que las redes sociales desempeñan un papel central.
Desde el enfoque de la psicología social, para muchas jóvenes la posibilidad de narrar públicamente situaciones de acoso, discriminación o violencia les genera sentimiento de pertenencia y se conoce como “validación colectiva”, sin embargo, también se intensifican los grupos contrarios y se genera la “polarización grupal o amenaza al estatus” que alimenta la reacción antifeminista, ya que los algoritmos tienden a privilegiar contenidos emocionalmente intensos, como ha ocurrido por ejemplo con los grupos de “incels.”
Una realidad determinante, con cifras a debate
Por otro lado, la realidad de los números es determinante, como los del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que en 2025 registró 721 víctimas de feminicidio en México, es decir, casi dos mujeres asesinadas cada día por razones de género.
Estas cifras oficiales, ya alarmantes por sí mismas, están a debate en cuanto al subregistro del delito y la dificultad institucional para investigar y realmente sancionar la violencia contra las mujeres.
En este contexto, las marchas feministas de los últimos años y la más reciente con motivo del 8M, no son sólo expresiones ideológicas, sino una respuesta social a la crisis de seguridad y justicia que continúa afectando de manera desproporcionada a las mujeres, sobre todo a las más jóvenes.
Una paradoja reveladora
El feminismo en México vive hoy una paradoja reveladora: por un lado, el país ha alcanzado avances antes impensables: como la Presidencia de una mujer y por otro, las desapariciones, los feminicidios y la persistente impunidad, recuerdan que la igualdad formal aún convive con violencias estructurales profundamente arraigadas y normalizadas en el país.
Aún hay trabajo pendiente para transformar los avances simbólicos en cambios reales que garanticen seguridad, justicia y dignidad para todas las mujeres.



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