La imagen política de Xi Jinping: el uso estratégico de la inmovilidad
- 27 mar
- 3 min de lectura

Ya sea por su falta de transparencia con el inicio del COVID-19, su rivalidad con Estados Unidos o su propuesta de eliminar el límite de mandatos presidenciales, Xi Jinping, presidente de la República Popular China, desde hace más de diez años, ha sido una figura política trascendental en el mundo.
Algunos medios lo han definido como uno de los líderes más autoritarios de toda la historia que ha promovido su ideología oficial; no en vano ha desarrollado el “Pensamiento de Xi Jinping”, una ideología política que guía al Partido Comunista de China y al Estado liderado bajo el propio Xi Jinping, aunque parezca tautológico.
El estilo de poder del mandatario se resume en control y sobriedad; sin embargo, estos elementos no sólo los observamos en su toma de decisiones, sino también en su imagen que transmite un estilo comunicativo con fuerza y control.
Uno de los rasgos más evidentes de Xi Jinping radica en el uso (o no uso) estratégico de la inmovilidad.
Así como actuó al inicio de la pandemia, al no querer comunicar información con respecto a lo que estaba ocurriendo, Xi suele gesticular poco en sus intervenciones, reduciendo sus movimientos corporales. Es claro que esta inmovilidad podría interpretarse como pasividad, pero –en el mandatario– parece que denota dominio del espacio; al permanecer casi estático invita al público a prestar atención a su presencia y, sobre todo, a su mensaje: China ha elevado su voz entre los gigantes del mundo y camina ya entre las grandes potencias.
Biógrafos de Xi Jinping como Yu Jie han afirmado que el mandatario quiere demostrar que China ha ascendido al rango de superpotencia y que el sistema chino puede competir con occidente o, incluso, reemplazarlo.
Y esto lo podemos observar también en su control del espacio personal, pues el presidente suele mantener una distancia física con otros líderes en encuentros bilaterales. Basta recordar cuando, el 3 de septiembre de 2025 en Pekín, veintiséis jefes de Estado y de Gobierno asistieron junto a Xi Jinping al gran desfile militar del 80º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. ¿Los asistentes más destacados? Vladimir Putin (Rusia) y Kim Jong-un (Corea del Norte).
El uso del espacio, aunque sutil, puede crear una barrera simbólica que refuerza la jerarquía y muestra el intento de China por convertirse en una superpotencia.
La “inmovilidad” del mandatario también la podemos observar en su patrón de parpadeo y su fijación de la mirada, porque generalmente parpadea poco, manteniendo una mirada sostenida hacia el frente. ¿Firmeza? ¿rigidez?
¿o un intento de direccionar su mirada a los posibles enemigos?
Si consideramos que, en Oriente, la expresión facial es más sutil que en Occidente, podemos destacar que el mandatario tiende a mostrar expresiones asimétricas, particularmente, por una ligera elevación de una de las comisuras de los labios y una tensión en el área ocular.
Esto podría asociarse con desprecio ¿hacia quién?, pero también podría vincularse con una evaluación crítica o escéptica frente a sus interlocutores o frente a la situación.
Finalmente, podemos destacar el ángulo corporal que mantiene, particularmente, en encuentros protocolarios en los que no suele posicionarse completamente de perfil o frontal, sino que adopta un ángulo intermedio: ni muy frontal ni muy de lado. Esta postura ¿ambigua? nos invita a entender el acto como una evitación de confrontarse directamente hacia su interlocutor y como una autoprotección.
En suma, la imagen de Xi Jinping no busca persuadir mediante la expresividad, sino mediante el control: elementos como la inmovilidad estratégica, la gestión del espacio y los ángulos corporales calculados construyen una narrativa silenciosa de poder estructurado y autoridad continua que nos recuerda uno de los catorce principios del Pensamiento Xi Jinping: garantizar el liderazgo del Partido Comunista de China sobre todas las formas de trabajo en China.



Comentarios