La guerra de guerrillas del siglo XXI
- 27 mar
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A pesar de que su fuerza aérea y su marina armada han sido arrasadas, Irán no solo resiste con firmeza, sino que está causando un grave daño a Trump y a la economía global.
Ante la evidente superioridad militar de Estados Unidos e Israel, Irán ha creado una especie de “guerra de guerrillas del siglo XXI”. Con enjambres de drones que cuestan poco y se fabrican rápido ataca puntos vulnerables como instalaciones petroleras y barcos que transportan combustible.
Irán entiende que, aunque no puede derribar aviones F35 de última generación, sí puede poner en jaque a la economía global al cerrar el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz.
El mensaje es claro: si Estados Unidos e Israel me siguen dañando, yo seguiré dañando la economía global.
Con los precios del petróleo en 140 dólares, la inflación ha comenzado a descontrolarse y la amenaza de una recesión de impacto global es más cercana.
Esto implica que los consumidores en Estados Unidos y Europa ya sientan en su bolsillo el impacto de la guerra y presionen a sus gobiernos para ponerle fin.
Mientras Trump destruye puntos clave del régimen teocrático, los drones de Irán destruyen la popularidad de Trump y lo colocan ante la presión de sus propios ciudadanos y sus aliados.
Pero en el conflicto también intervienen los intereses de China, Rusia e Israel y cada uno de ellos moldea su propia estrategia.
Israel: La supervivencia y el frente nuclear
Para Israel, la guerra es una cuestión de existencia.
Su estrategia se centra en la desarticulación total del programa nuclear iraní (atacando recientemente Natanz).
También ha iniciado una ofensiva terrestre limitada en el sur del Líbano para neutralizar a Hezbolá.
Israel busca que el conflicto no se dé por terminado hasta que el régimen iraní pierda su capacidad de proyectar poder regional.
China: El equilibrio precavido
China depende críticamente del petróleo de Oriente Medio.
Por eso presiona a Irán para que permita el paso de buques chinos por el estrecho de Ormuz.
Mientras está utilizando sus reservas estratégicas de petróleo para evitar el colapso de su industria y busca posicionarse como el único mediador capaz de hablar con todas las partes.
Por un lado ve con buenos ojos que Estados Unidos se desgaste económica y militarmente en el enfrentamiento con Irán.
Pero, por otro lado, el acceso al petróleo de poco le servirá si la guerra se prolonga y desata una recesión global que limite la venta de sus productos industriales.
Rusia: El beneficiario oportunista
Moscú ha encontrado en esta guerra un respiro.
Mientras el mundo sufre por los precios, Rusia vende su crudo a precios récord. Con ello obtiene recursos para su propia guerra en Ucrania.
Apoya a Irán por la vía diplomática y con datos de sus satélites, pero evita un involucramiento militar directo que haga escalar el conflicto.
Moscú celebra que los misiles interceptores. se desplacen de Ucrania a Irán. Cuanto más dure la guerra en Irán, menos recursos y voluntad política tendrá Occidente para apoyar a Kiev.
Conclusión
El conflicto en Irán deja claro que la superioridad militar no es suficiente para ganar una guerra en el siglo XXI.
La destreza para usar armas de bajo costo y atacar puntos que dañen a la economía global ha permitido a Irán resistir y machacar el derrumbe de la popularidad de Trump.



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