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Desconfianza y disputa de proyectos soberanos

  • hace 7 días
  • 2 Min. de lectura

Como si fuera un tiempo advertido por su nivel de acceso a información privilegiada, quedó huella de la salida del canciller Juan Ramón de la Fuente y del Embajador de México en Washington, Esteban Moctezuma.


Se abrió una ventana de vulnerabilidad en la interlocución que con el nuevo joven canciller Velasco no se ha podido sellar. 


Se sucede el escándalo - acontecimiento por su anterior posición de funcionario del ahora Secretario de Economía Marcelo

Ebrard, que convirtió la defensa de bienes públicos en uso privado para su hijo.


Llega la crisis de los agentes de la CIA en Chihuahua, se exhibe a su gobernadora panista con un guion al margen del gobierno federal y plegado a intereses estadounidenses, como se intentó con la captura de “El Mencho” Oseguera, que atajó y tomó el Ejército mexicano en sus propias manos.


Enmarañado en un desencuentro entre el Embajador Ronald Johnson y el ahora Gobernador con Licencia Rocha Moya, se elevó desde tierra sinaloense el tono en torno a corrupción y desinversión en México.


Capítulo que nos confirma el jaque permanente en el que Washington ha puesto la negociación del T-MEC.


La difusión del listado de los 10 políticos y funcionarios -entre ellos Rocha Moya- dio vista al gobierno mexicano como si hubiese enviado una especie de dron nuclear judicial.


Días extraños de silencio y después de declaraciones persistentes de Trump y de su fiscal federal, en torno a que se espera del gobierno mexicano realice la detención y extradición de políticos y enfrente a los carteles, a riesgo de intervención estadounidense.


Tres saldos están directamente vinculados con ese dron penal.


Uno no visible, es el proceso de seducción en la negociación con el “Mayo” Zambada, para que su testimonio madure y negocie su sentencia judicial, el 18 de mayo que tendrá sesión en la corte.


La información testimonio del “Mayo” Zambada sobre la narcocorrupción del régimen priísta y la supuesta del régimen de la 4T, es delicadamente sensible y prioritaria para Washington. 


Un segundo es la libertad de operación y ofensiva de Johnson y Landau, el núcleo duro de la embajada estadounidense y la comunidad de inteligencia estratégica de Estados Unidos en nuestro país, para operar una especie de escalada de guerra política sin intervención militar.


En tercer lugar, la calidad de la reacción del gobierno mexicano seguramente les sigue pareciendo predecible, de ahí que Marco Rubio haya escalado a la revisión de 53 consulados en México.


Ello les permitirá apuntar a personalidades políticas devenidas en diplomáticos que guarden presuntas conexiones con narcocorrupción en México, clausurar consulados y retomar su ofensiva -por invasión de indeseables y narcocriminales como han insistido en su retórica- con deportaciones masivas de inmigrantes mexicanos, con fines electorales a favor de los republicanos. 


Las venas abiertas de desconfianza con la Presidenta Sheinbaum -desde la embajada estadounidense, la comunidad de inteligencia y el gabinete de seguridad de Trump- subrayan que el escalamiento de la crisis conduce a una disputa entre proyectos soberanos y por ahora, ya se enfocan a un duelo de deslegitimación política y mediática entre ambos gobiernos, pero especialmente contra el régimen y proyecto de nación de la 4T.


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