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Cuando el petróleo se convierte en arma: el impacto económico de una escalada con Irán en el mundo y en México

  • 27 mar
  • 3 min de lectura

En el tablero geopolítico global, pocas variables reaccionan con tanta rapidez como el petróleo. 


Cuando las tensiones en Medio Oriente escalan (particularmente si involucran a Irán) el mercado energético deja de ser un espacio puramente económico y se convierte en un termómetro de riesgo. 


El precio del crudo no solo refleja oferta y demanda: incorpora incertidumbre, expectativas y escenarios de conflicto.


Una simulación probabilística basada en miles de trayectorias posibles del precio del petróleo permite dimensionar ese riesgo. 


El resultado es claro: incluso sin una disrupción permanente, la sola posibilidad de escalada introduce volatilidad significativa. 


En el escenario analizado, el precio parte de 85 dólares por barril y converge, en promedio, hacia niveles cercanos a 78–80 dólares al cierre del año. Sin embargo, dicho promedio oculta lo relevante: el rango de resultados es amplio, con escenarios que van desde niveles cercanos a 56 dólares hasta episodios extremos por encima de 110, e incluso colas que superan los 170 dólares en situaciones poco probables pero posibles.


Este comportamiento refleja una característica central de los conflictos energéticos: no es necesario que ocurra una interrupción física para que el mercado reaccione.  Basta con que el riesgo sobre rutas críticas (como el Estrecho de Ormuz) aumente para que los precios integren una prima geopolítica. Figura 1. Proyección Probabilística del Mercado Petrolero 

y Sensibilidad al Presupuesto Federal

La Figura 1 muestra que el escenario central del precio es relativamente estable, pero rodeado de una dispersión considerable. En otras palabras, el mercado no anticipa un choque permanente, pero sí reconoce que los episodios extremos son más probables en contextos de tensión.


México: beneficio promedio, riesgo real


Para México, el efecto de un aumento en el precio del petróleo es ambiguo. 


Por un lado, mayores precios generan ingresos adicionales para el sector público; por otro, el país sigue dependiendo de la importación de combustibles refinados, lo que eleva costos internos y presiona las finanzas públicas.


Los resultados de la simulación capturan esa dualidad. 


En promedio, el impacto fiscal es positivo: el balance acumulado muestra ganancias en la mayoría de los escenarios. Sin embargo, este resultado viene acompañado de un dato clave para la toma de decisiones: existe aproximadamente un 13% de probabilidad de que el efecto neto sea negativo al cierre del año.


Más aún, cerca de un 31% de los escenarios terminan con precios por debajo del nivel presupuestado (Figura 2), lo que implica riesgos concretos para la planeación fiscal; es decir, incluso en un entorno donde el petróleo puede subir, la incertidumbre sobre su trayectoria limita la capacidad de anticipar ingresos. 


En términos prácticos, esto significa que la política fiscal enfrenta un entorno donde los ingresos pueden ser favorables en promedio, pero difíciles de planear.


Figura 2.  Dinámica de Vulnerabilidad Fiscal ante la Volatilidad del Mercado Energético
Figura 2.  Dinámica de Vulnerabilidad Fiscal ante la Volatilidad del Mercado Energético


Más allá del precio: el verdadero canal es la incertidumbre


El principal efecto de una escalada con Irán no es únicamente el nivel del precio del petróleo, sino su volatilidad. 


En el ejercicio los eventos geopolíticos son poco frecuentes pero generan movimientos abruptos, lo que produce distribuciones asimétricas: muchos escenarios moderados y pocos, pero relevantes, escenarios extremos.


Esa dinámica tiene implicaciones directas. A nivel global, actúa como un choque de oferta que presiona la inflación y complica la política monetaria. A nivel doméstico, introduce cautela en decisiones de inversión, eleva primas de riesgo y dificulta la planeación fiscal.


Para México, el mensaje es claro: el petróleo puede representar una ventana de alivio temporal, pero también un foco de vulnerabilidad. 


El verdadero riesgo no es si el precio sube o baja, sino la incertidumbre sobre cuánto durará ese movimiento y qué tan estable será.


En un entorno donde el petróleo se convierte en instrumento geopolítico, la clave no está en predecir el precio, sino en diseñar políticas capaces de resistir escenarios volátiles. 


Porque en este tipo de conflictos, la incertidumbre 

no es un riesgo adicional: es el entorno base.



 
 
 

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