Cae El Mencho
- 1 mar
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El abatimiento del capo Rubén Nemesio Oseguera, “El Mencho”, por fuerzas de seguridad mexicanas revela tres asuntos serios:
La extendida presencia e influencia del crimen organizado en el país; de ahí que hayamos visto en varias ciudades de diferentes estados desmanes y amenazas reales a la integridad de los ciudadanos.
La ausencia de un nuevo paradigma en materia de seguridad y combate al crimen organizado por parte del Estado mexicano, más allá de la fuerte noción de gobernabilidad, el acento en las causas sociales del crimen y las fortalezas en preparación, coordinación y capacidad operativa.
En el fondo, retoma el Ejército Mexicano un papel preponderante sobre otras fuerzas (veníamos de varios años de deterioro de su imagen).
3.- La colaboración de alto nivel México–Estados Unidos, confirmada por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), además de los trabajos de inteligencia militar central: “Dentro del marco de coordinación y cooperación bilateral con los EUA, se contó con información complementaria por parte de autoridades de ese país”.
Las repercusiones
El golpe dejó más de 20 muertos del primer círculo del CJNG, entre abatidos in situ y fallecidos en el traslado a CDMX, luego de repeler las fuerzas especiales la agresión, y más de 25 bajas de elementos de la Guardia Nacional como parte de las refriegas que se desataron en el estado que era enclave del capo.
Narcoataques y bloqueos en ciudades de al menos 20 estados rompieron la paz dominical y pusieron en vilo, durante horas cruciales, a familias enteras. La Presidenta no renunciará a su modelo de atender primero las causas para mantener condiciones de paz y seguridad, aunque, para el imaginario nacional e internacional, el golpe de fuerza que sustenta la operación contra “El Mencho” implica la revisión estructural de la narrativa predominante en la 4T contra el crimen.
“El que lo ejecuta, lo planea”
Fue la respuesta del General Secretario Ricardo Trevilla. Una frase que pudo parecer espontánea, incluso involuntaria, pero que, a la luz del resultado que culminó con la muerte del líder del CJNG, adquiere el peso de una premisa militar inobjetable: en la lógica castrense, la autoría estratégica recae en quien conduce la ejecución.




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